Experiencias



Por José A. García Portalatín

Febrero siempre se me hace corto. Así ha sido desde mi infancia, y la causa de esto no tiene otro nombre que “carnaval”. Me resulta difícil explicarlo con palabras, pero desde la primera vez que tuve contacto con el carnaval, y concretamente con el de La Vega, que me viene por herencia materna, la atracción y empatía que he sentido con el mismo me han marcado. Lo recuerdo como ayer, el primer contacto visual con un diablo vegano me dejó embelesado, con los ojos como dos pesetas, mientras el sonido de los cascabeles me inducía a un estado de hipnosis cultural. En ese momento la cosa “se jodió”, porque ser diablo cojuelo sería mi norte carnavalesco. Para mi hermano la experiencia fue todo lo contrario, su rostro no se apartó ni un segundo de la parte trasera de mi padre; y aún así acabó sucumbiendo a la atracción y juntos nos estrenamos en las lides diablescas por allá por el 1990, dándole vueltas al Parque de las Flores.




Hace algunos meses vi en Facebook un anuncio, decía algo así como: “buscamos jóvenes emprendedores para desarrollar y hacer crecer proyectos de Latinoamérica y El Caribe” este había sido compartido por la embajada norteamericana y llevaba a un link supuestamente avalado por el departamento de estado. ‘Seems legit!’ pensé, le hice bookmark y revisé los requisitos. Aún viviendo de temas relacionados con la comunicación y teniendo gran parte de mi trabajo vinculado a las redes sociales, nunca me había encontrado con una oportunidad como esta en las mismas… ¡Hasta ese momento!

El 21 de enero se celebra el día de Nuestra Señora de la Altagracia, advocación mariana presente en la ciudad de Higuey (este de República Dominicana) y madre espiritual del pueblo dominicano para la feligresía católica. La tradición de “Tatica” (como algunos la llaman) es una de las tantas tradiciones culturales de origen religioso que conforman la idiosincrasia dominicana. 

Y como lo tradicional va incrustado en lo cultural, no quisimos dejar pasar la oportunidad de llevarles a ustedes esta lista de las cinco cosas que tal vez no sabían anteriormente sobre la veneración a la Virgen de la Altagracia, "madre espiritual del pueblo dominicano".




Imagínate que vives en un remoto pueblo de una pequeña isla en el que no existen salas cines y que las oportunidades de ver una película en la “gran pantalla” se limitan a las veces que visitas a tus familiares en las principales ciudades del país.




Tengo el cabello rizado, desde hace más de 15 años acepté esta realidad y la tomé como una de las características siempre presentes en mi apariencia, fui aprendiendo a manejar las ondas de mi cabello, a entenderlas y amarlas hasta el punto de que las dos o tres veces al año que (generalmente por salud) debo ir a secarlo liso al salón de belleza casi ni me reconozco.