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Todo aquel que ha visitado Constanza con un lugareño o conocedor de la zona ha tenido que hacer una parada obligatoria en una pequeña casa ubicada en la entrada a Palero, pues allí se preparan unos exquisitos -y famosos- dulces artesanales.




Hay quienes dicen que la República Dominicana es “platanolandia” y hay que reconocer que en sentido general el dominicano tiene un fuerte amor por este vesátil fruto de la tierra que, en muchos casos, trasciende el entendimiento de los extranjeros.

 



La artesanía, al igual que las artes, propone a quien las realiza el abordaje de problemas y desafíos de manera creativa, mientras estimula el desarrollo integral del cerebro al hacer uso de aptitudes que suelen quedar en segundo plano en las disciplinas ‘más racionales’.



Es bien sabido que el campesino dominicano es víctima de múltiples carencias sociales y que, entre estas, la falta de fuentes de empleo y de posibilidades de adquirir capital sobresalen entre las principales causas de su estancamiento. Por ello, muchas personas basan su economía en la confianza que desde fuera llegarán las esperadas remesas y en la agricultura de subsistencia. Esta última, junto a los cultivos de ciclo corto, suele conllevar la explotación indiscriminada de los suelos y el deterioro inconsciente de áreas de alto valor para el equilibrio ecológico. Al ver que las opciones de crecimiento ‘en casa’ son más bien limitadas, por no decir imposibles, se despierta también la deserción del campo, producto de las oleadas de emigración hacia las grandes ciudades tanto del propio país como del extranjero.



Buscando apoyar el desarrollo de proveedores rurales, pequeños y medianos empresarios y con el objetivo de potencializar el valor de sus productos abriendo canales de comercialización masiva en grandes cadenas de supermercado el Centro Cuesta Nacional (CCN) presentó “Corazón Dominicano”.