En la comunidad de “Los Calabazos” se paría tristeza, en la década de los 90’s la mortalidad infantil había diezmado a todas las familias que componían este pequeño asentamiento humano radicado en la falda de la Cordillera Central, en el camino a Manabao y casi al inicio de la más reconocida ruta ecoturística de  la República Dominicana: el Pico Duarte.

 

Sin más nada que perder, con una parte del alma rota y cansada de ver cómo la triste historia se repetía una y otra vez, una mujer se dió cuenta de que no podían continuar de manos cruzadas. Esperanza Marte había nacido allí, pero, como era habitual en aquella época, había sido “prestada” a una familia de la capital para que la “criaran”. A diferencia de sus hermanos, Esperanza no fue a la escuela, por lo que a la fecha dice “no conocer las letras”, pero su experiencia de vida fuera de la comunidad le dio a esta visionaria la capacidad de observar cómo los problemas de su terruño podían recibir y potenciar la ayuda externa. Al escuchar que un grupo de médicos extranjeros realizaban un trabajo voluntario en un sector cercano, ella acudió y elevó, en nombre de todas las familias de su zona, un clamor que se hizo eco. Así fue como inició un proceso que cambiaría la vida de todos ellos y que re-escribiría la historia de su comunidad.

 

 

El punto de arranque fue formar una asociación de mujeres, pues ya desde finales de los 70’s e inicios de los 80’s existían algunas que agrupaban a los hombres, permitiéndoles tener más rango de ganancia en torno a la producción agrícola. El primer logro de la asociación fue aprender primeros auxilios y recibir instrucciones en torno a la correcta nutrición y el cuidado tanto de las embarazadas como de sus hijitos.

 

Los primeros pasos hacia lo que es hoy “Sonido del Yaque” llegaron por parte de unos alemanes que identificaron que, precisamente en Jarabacoa, se daban las condiciones necesarias para practicar el “rafting”. Tras haber identificado la oportunidad, estos cooperadores guiaron al pequeño grupo de mujeres y las instruyeron en lo necesario para establecer una ruta que atrajera turismo a sus aguas, pero había un problema: era preciso cargar los pesados botes por un trayecto totalmente silvestre y ellas no contaban con las condiciones físicas para hacerlo. Para resolver esta situación optaron por involucrar a la asociación de los hombres y, como había sucedido en casos anteriores, estos terminaron acaparando todos los fondos, dejando a quienes captaron el proyecto, nuevamente en el desamparo.

 

 

 

Esperanza volvió a armarse de valor y elevó sus peticiones a un grupo de canadienses y a una organización no gubernamental de Jarabacoa, quienes le recomendaron la creación de un proyecto de turismo sostenible, algo prácticamente inaudito para la época, al menos en esa zona y probablemente en todo el país. 

 

Tras su elaboración bajo los lineamientos especificados, la propuesta fue sometida y, para la sorpresa de todos, elegida para desembolsar el dinero justo para construir las primeras 10 cabañas de las que hoy conforman este espacio turístico. Desde ahí el proyecto ha crecido de forma exponencial, mayoritariamente gracias a la ayuda internacional que ha sabido llegar de distintas partes del mundo. 

 

 

Así, gracias a fondos de cooperación de distintos países se creó la que probablemente fuera la primera hidroeléctrica comunitaria de todo el Cibao, iluminando a ese remoto rinconcito de la República Dominicana. Se creó un sistema de bio gas en donde no sólo se aprovechaba el desecho humano para la creación de energía, sino  que se garantizaba que éste no contaminara el cauce del río, evitando así la propagación de enfermedades. 

 

Los premios, colaboraciones y ayudas tanto logísticas como financieras continuaron marcando cada fase del proyecto y así creció hasta ser hoy autónomo y la principal fuente de ingresos de los habitantes de Los Calabazos. 

 

¿Ha tenido impacto?

Doña Cristina por ejemplo, está a punto de cumplir los 70 años y, mientras limpia una de las cabañas nos contó que sus hijos quieren que ella deje de trabajar: “yo no estoy tullida, aún me queda vida, y este trabajito me permite hacer dinero dignamente” nos dijo con una sonrisa, “mientras yo me pueda mover, quiero ganarme lo mío”. 

 

Por su parte Doña Miguela, quien casi ronda los 60, nos comentó que la vida de la comunidad cambió radicalmente: de no tener cómo sobrevivir a tener agua, electricidad, inodoros y un trabajo seguro, además de las múltiples donaciones que llegan a través del proyecto, en especial con las oleadas de turistas internacionales.

 

 

Refiriéndose a la infraestructura Marisol agrega que no es sólo la ayuda que se ve la que les ha cambiado la vida, pues muchas de ellas han recibido talleres de formación que les han permitido ampliar sus posibilidades. En su caso particular, ella fue beneficiaria de dos técnicas que identifica como los dinamizadores de la economía de su familia: la instrucción en cuanto a la cocina y la vinculada a la creación de bisutería y artesanía. “Ahora algunas de nosotras podemos hacer un dinerito extra gracias a las piezas que fabricamos con nuestras manos”. 

 

“El Primo” es un caso curioso pues es de los pocos hombres que trabaja con frecuencia en “Sonido”. El vino de Piedra Blanca, Bonao, a buscar oportunidades en el proyecto de sus parientes y ver si podía captar algunos fondos para mejorar las condiciones del hogar de su madre, que, según él, se está cayendo a pedazos. Y la razón por la cual su caso nos parece tan especial es porque va en contra del ciclo que tantas veces hemos visto repetirse, ese en el que los moradores se van del campo a la ciudad.

 

 

Sonido del Yaque no es solamente un espacio en el que disfrutar de la naturaleza, es un pequeño experimento social en el que te puedes integrar con esa familia, porque al final todos acaban siendo primos, hermanos o parientes de algún tipo. Y, tras algunos minutos de conversación, te hacen sentir a ti también como parte de su núcleo, aunque no sanguíneo. 

 

Esperanza, con una pena y, al mismo tiempo, un alivio que se evidencia en la mirada nos dijo: “es que todo esto ha cambiado nuestras vidas, mira, esta generación de hoy que nos ha dado nietos y tanta alegría no existiera de no haber sido por aquellos primeros pasos. Nuestros hijos se hubieran muerto, como lo hicieron tantos otros niños de acá”. 

 

 

¿Qué sorprende? Que desde hace más de una década esta tragedia no se ha vuelto a repetir y que gracias a las instrucciones de nutrición y de cuidado tanto las madres como los críos han aumentado exponencialmente sus oportunidades de supervivencia. 

 

Nada más por la forma en que este espacio se constituyó y la historia detrás, cualquier ser humano con dos onzas de empatía podría considerar ir, pero ¿qué encuentras allá?

 

 

Ivelisse, una de las cabezas que lleva el control, es una de las hijas de Esperanza y heredó parte del impulso y tenacidad de su madre. Ella es quien te contestará el teléfono +1 (829) 727-7413 cuando llames para hacer tu reserva. ¿Es necesario hacer una reserva? No, pero es altamente recomendado pues a veces tienen la casa llena con grupos.

 

“Sonido del Yaque” se encuentra justo después del sector “Las Guázaras” y para llegar debes tomar la carretera Jarabacoa-Manabao, la cual se encuentra a unos 150 kilómetros de distancia de la capital, lo cual equivale a poco más de dos horas de trayecto. El acceso es fácil  y hasta el punto de entrada, el camino está perfectamente pavimentado. Puede llegarse tanto en vehículo privado como en una combinación de transporte público.

 

 

 

Si no lo conoces probablemente pases por alto la entrada, por lo que te recomendamos dejar el mapa encendido y estar pendiente del mismo cuando pases la comunidad de “Las Guázaras”. 

 

Ahí tendrás la opción de dejar tu vehículo en la carretera o pagar RD$100 por día y RD$150 por día y noche, por el uso de un pequeño estacionamiento privado. El método de uso es sencillo: a tu llegada marcas un número telefónico que está en la entrada y alguien subirá con la llave del portón metálico. 

 

A partir de ahí tendrás que caminar unos 300 metros en un descenso de 31 metros, esto implica una significativa pendiente que probablemente hará que trabajes una serie de músculos sistemáticamente ignorados en la vida cotidiana y cuya activación hará que tus piernas terminen temblando incontrolablemente al llegar al centro. Este trayecto puede tomar cerca de unos 5 minutos, aunque eso dependerá de tu condición física, de la carga que lleves contigo y de la velocidad con la que asumas los rústicos escalones que facilitan el camino y que te guían entre los campos de tayotas y la despampanante vista en la que las montañas se funden con el horizonte. 

 

 

Pasarás por un colmadito y algunas casas y, probablemente con muy poco aliento y la frecuencia cardíaca por las nubes, llegas a “Sonido del Yaque”. 

 

Casi seguro alguno de los hombres de la comunidad habrá acudido en tu ayuda y, tras haberlo cargado cual mulo con tus pertenencias le habrás dado alguna propina, con lo cual desde tu descenso ya estás contribuyendo a la activación de la economía de la zona. 

 

 

Sin saber quién te recibirá nos atrevemos a afirmar que lo hará con una sonrisa, y hasta un abrazo, si lo dejas. Quienes allí habitan y laboran mantienen aquella característica cercanía del campesino dominicano, esa alegría y hospitalidad que tan famosos nos han hecho a nivel internacional. 

 

Te dirán cuál cabaña te asignaron, seguido por la pregunta que más escucharás en todo el viaje: ¿a qué hora desean la comida?. Sonido del Yaque tiene (en 2019) un precio de esos que tienes que preguntar dos veces, porque te cuesta creer lo barato que es. Son sólo RD$1,250 por noche (por persona) que incluyen no sólo el hospedaje, sino también las tres comidas. Si, leíste bien, por esa pequeña cantidad de dinero recibirás tanto el desayuno, el almuerzo y la cena, además de una de las cabañitas con cama, camarote y baño privado. 

 

 

La cobertura telefónica es muy limitada por lo cual estarás en una especie de retiro tecnológico y, a sabiendas de que la señal segura la dejaste allí donde estacionaste el vehículo, no cabe duda de que te pensarás dos veces antes de subir (y tener que volver a bajar) la forzada cuesta. Nada como una pendiente inclinada para poner en perspectiva nuestra adicción a la hiperconectividad, a responder mensajes y narrar en tiempo real lo que nos acontece.

 

No necesitarás ni ventilador ni aire acondicionado para dormir, y lo más probable es que acabes usando una de las mantas que disponen para cobijarte ya que allí las noches y madrugadas son frescas y hasta frías, dependiendo de la estación y, tras el amanecer el sol reclamará su territorio y poco a poco romperá el hechizo causado por su ausencia. 

 

 

Tendrás la opción de realizar tus comidas en un espacio común equipado con múltiples mesas o pedir que te las lleven al balcón de tu habitación, para una experiencia más íntima. Curiosamente, si optas por la última opción, sólo tendrás que asomar la cabeza a través de la ventana por unos segundos para que alguien se percate de que deseas ser notado... Y así de fácil llegará un sabroso desayuno a tu mesa. El olor del chocolate inundará el espacio, al igual que el del café, que vendrán acompañados por pan, huevo revuelto y frutas de temporada. 

 

Toma en cuenta que acá buscarán complacer tus gustos alimenticios y hasta los recordarán, si tienes la dicha de volver, pero cuentan con una disponibilidad limitada de recursos ya que no hay ningún supermercado cercano, así que lo más recomendable es que si tienes alguna limitación gastronómica, cargues con los ingredientes necesarios para suplirla.  

 

 

En el transcurso del día notarás que el río nunca deja de escucharse, haciendo honor al nombre del centro, y lo hace con una intensidad tal que deja en evidencia su fuerza y valor. Las cigarras y grillos serán otro estímulo constante, con cantos que parecerán pendular entre lo ensordecedor y lo apenas perceptible. 

 

Tendrás la opción de quedarte allí, descansando, de echarte en una hamaca, de bajar a la playita del río y, los más atrevidos, pueden aventurarse a escalar el desafiante “Mogote” con sus 960 metros de desnivel positivo, dígase: es una loma tan empinada que quizás tengas que recurrir a las oraciones para poder bajarla, sobre todo en aquellas partes en donde te rodeará un precipicio. Puedes también hacer senderos cercanos o directamente, quedarte compartiendo historias con la gente de la comunidad.

 

 

Las habitaciones disponen de electricidad y conectores para que recargues tus dispositivos, pero te sugerimos llevar una regleta para ampliar la cantidad de dispositivos que reciben energía. 

 

El almuerzo dependerá de la disponibilidad, pero suele llevar alguna variación entre arroz, habichuela, carne, ensalada y fritos. Y la cena suele ser conquistada por el reinado de los víveres, normalmente yuca, plátanos y guineítos con al menos dos tipos de “compaña”. 

 

 

En pocas palabras sólo debes llevar tus lujos, chucherías, picaderas, postres y bebidas alcohólicas, porque el resto será suplido en cantidades industriales, imposibles de ser comidas por un solo cuerpo.

 

“Sonido del Yaque” tiene disponibilidad para alojar grupos de hasta 80 personas a la vez y posee un espacio idóneo para actividades de integración, charlas, talleres y seminarios. Por su situación geográfica este centro de hospedaje comunitario es perfecto para desconectar, alejarse de la rutina y disfrutar del positivo efecto que acarrea para nuestros cuerpos y mentes la inmersión en la naturaleza. 

 

 

¿Lo mejor? Allí no sólo te estarás ayudando a ti al reducir tu estrés, ejercitarte y mejorar tu calidad de vida. Con cada día que pases allí estarás ayudando a que en esta pequeña comunidad, donde hace un par de décadas primaba el desconsuelo, se siembre una ramita de esperanza y se ratifique que en el campo hay vida, oportunidades y posibilidades.  

 

¿Deseas conocer a los protagonistas de esta historia? Acá te presentamos algunas de las conversaciones que entablamos con ellos y que sirvieron de fuente informativa para la creación de este artículo.

 

 

 

ENTREVISTAS:

 

· Sonido del Yaque: entrevista a Esperanza Marte https://youtu.be/_RkmxsHIwDs

· Sonido del Yaque: entrevista a Marisol Abréu https://youtu.be/SWSotzOjJsc

· Sonido del Yaque: entrevista a Miguela https://youtu.be/l-ZY-m4J-QI 

· Sonido Sonido del Yaque: entrevista a El Primo https://youtu.be/9aClvlP3xFs 

 

¿Quieres crear un impacto?

Visita este destino y, si no puedes, comparte este artículo para que más gente pueda conocer esta opción de turismo donde no sólo la pasarás bien, sino que harás el bien.

 

Galería de fotos:

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· Dirección: Carretera hacia Manabao Km 10 ½, Los Calabazos, Jarabacoa  41000 Dominican Republic

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Fotos: Maricha Martínez Sosa.