En un mundo convulso, que premia la inmediatez y que se caracteriza por ir a una velocidad nunca antes experimentada por la humanidad, se vuelve cada vez más raro el encontrar organizaciones, espacios y sujetos que valoren y respeten el tiempo, en vez de tratar de acelerarlo. Sin embargo, de entre las masas emergen movimientos para oponerse al status quo. Lo hemos visto bajo el nombre de “Comercio justo” en su oposición a la explotación humana en algunas industrias; en la moda a través de la popularización del up-cycling y el slow fashion; y en la gastronomía esto se evidencia bajo el concepto de “slow food”, el cual más que oponerse a la inmediatez, exalta la dedicación y el amor que se invierten en los alimentos.

Y es que el buen comer suele estar opuesto a la comida rápida no sólo por la calidad de los ingredientes que suelen utilizarse, sino también por el uso que se le da a uno de los más preciados recursos: el tiempo. De esta forma una amplia gama de técnicas como las maceraciones y los marinados se vuelven las protagonistas de un estilo que pretende encontrar la optimización de la experiencia gastronómica a través del desarrollo de sabores con mucha mayor profundidad, inalcanzables si se trabaja con premura.

Slow Food nace en el año 1989 en la Ópera Comique de París a través de la declaración y firma de un manifiesto que sirvió como documento fundacional de esta red internacional que funciona bajo el modelo de membresía. Baluarte del derecho al placer y del valor cultural de las cocinas locales, en contraste con la fast life (la vida acelerada)”, esta asociación “reafirma la importancia de continuar trabajando por el futuro de la alimentación y del planeta, bajo el lema <<nuestra comida,  nuestro planeta, nuestro futuro>>”. En esta asociación se une a “más de un millón de activistas y simpatizantes, incluidos agricultores, ganaderos, pescadores, cocineros, artesanos alimentarios, educadores y ciudadanos trabajan para garantizar el principio consagrado en la declaración: el derecho a una comida buena, limpia y justa para todos”. Dentro de los objetivos claves de Slow Food se encuentra el mitigar el colapso progresivo de los ecosistemas y la crisis climática”, lo cual le ha llevado a convertirse en “uno de los principales actores internacionales comprometidos a evitar la extinción de miles de especies animales y vegetales y en el único que desempeña este cometido centrando su discurso y sus acciones en torno a los alimentos”.

Slow Food en RD
La Fundación Sabores Dominicanos (FSD) presentó a finales de 2019 la Comunidad Slow Food – FSD, mientras anunciaba la firma de un Convenio Marco de Cooperación entre ambas entidades. En este, se acuerda la Declaración de Compromiso en el que la FSD se convierte en embajador y portador de los valores que encarna y promueve el movimiento Slow Food.

Si te interesa más sobre el tema, te invitamos a visitar http://saboresdominicanos.org.do/.

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