“Bienvenidos a Barahona, La Perla del Sur” nos recibe el guía turista en el cruce Cabral-Barahona, dando la bienvenida a una provincia caliente, lejana y desbordada de carisma. El letrero de letras grandes, pesadas y coloridas deletrean ‘BARAHONA’. Colores azules como la piedra preciosa el Larimar, verde por la amplia vegetación y parques que decoran la ciudad y amarillo, como el ocaso y el encanto del amanecer.

Sur profundo: playa, vegetación y mariscos.

El profundo suroeste es un lugar para desconectarte del tráfico tedioso, del bullicio y del sofocante calor, para admirar las vistas pacíficas y bonitas. Allí se encuentran desde los balnearios más cristalinos de nuestra media isla, a playas de olas leves para un día familiar y costas de olas furiosas perfectas para los más aventureros.

Aquellos que busquen distanciarse de la capital encontraran que esta lejanía ofrece sus beneficios: playas de surf que atraen a atletas, cascadas de agua fresca que se vuelven parques recreacionales para nadar, paraísos visuales y balnearios a tan solo metros de distancia; además de plantaciones de café y un variado menú gastronómico.

Al igual que en otras zonas costeras del país, la comida de Barahona está basada principalmente en pescados y mariscos, acompañados por el moro de guandules, tostones y yaniqueques con kétchup.

No importa por cual lugar mires, los rincones están llenos de colores, haciendo contrastes de personas sonriendo con los dientes afuera, de gente amable que te indica cómo llegar sin antes decirte: “¿Conoces a Juan, Pedro y María?”, gente luchadora que sale adelante a pesar de las dificultades; tierra donde el sol te abraza los 365 días del año, para que brillemos un poco más y, sobre todo, donde los colmados se destacarán por el volumen de sus altavoces, con música para que el público baile “hasta la tambora”.

No tienes que durar más de una hora para visualizar el Mar Caribe, a tan solo minutos del centro de la ciudad, el horizonte marítimo se distingue y con letras grandes, robustas y coloridas, nos recuerdan su nombre: ‘BARAHONA’.

Barahona nos acoge con los brazos abiertos, es un pueblo que está en el mismo trayecto del sol y nos contagia con una sonrisa que nos llena el alma de gozo y felicidad. “Súbete que hay cupo… y en diez minutos llegas a la playa”, se escucha decir en las paradas de conchos que transitan por la zona costera. El transporte cubre la ruta de playas como: el Quemaito, San Rafael y Los Patos, Villa Miriam, Cueva la Virgen, escuela y minas del Larimar, zona Paraíso; y si gozas de tiempo te pueden dirigir hasta Pedernales.

Vale la pena quedarse al menos una noche cerca del mar y madrugar para deleitarse con el amanecer. La tranquilidad, la armonía y las olas de aguas tibias chocarán en los dedos de tus pies, haciendo que el reencuentro con tu ser interior sea un momento inigualable y mágico.

Barahona es un destino que te deja sin aliento, que te hace olvidar la frialdad de las grandes ciudades y te motiva a darte un chapuzón y renovar tu ser interior. Sí, este es sin dudas un lugar mágico que transmite “vibras positivas” y que te hace decir “WOW, esto es una maravilla, esto es la República Dominicana”.

Barahona

Es un pueblo precioso; caracterizado por su fauna y flora. Podrás disfrutar de la playa, ríos y montañas, de la calidez de su gente y la ricura de sus gastronomía. Un destino con hermosos atardeceres, infinitos saltos que llenarán tu corazón de gratitud.

Si aún no has visitado esta provincia sureña, te recomiendo hacerlo cuanto antes. Barahona siempre te sorprenderá y renovará tu interior con vibras positivas y sonrisas de mil colores.

Como se alzaba la voz de Fernando Villalona:

Por tu indo Bahoruco pasó Anacaona reina de la isla, linda encantada tú eres, por tus fértiles playas de mayoral… Barahona inmensa es la historia que tu hijo Enriquillo dejó a tu país.

¿Te animas visitar Barahona?

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